Fecha de inicio: 04/02/2010
Fecha de fin: 14/03/2010
Horario: De martes a domingo, de 12:00 a 14:00 y de 18:30 a 21:30 hrs.
Precio: Entrada gratuita
Lugar:
SALA MUNICIPAL DE EXPOSICIONES DE SAN BENITO
Localidades:
Valladolid
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La muestra reúne algunas de las piezas más representativas de la fotografía internacional, con un enfoque particular en la fotografía norteamericana. Las 70 imágenes seleccionadas de esta colección de Laurence Miller, suponen un repaso por la historia de la fotografía desde los inicios del siglo XX hasta hoy.
Artistas como Diane Arbus, Aaron Siskind, Ray K. Metzker, Helen Levitt, Lee Friedlander y Harry Callahan, forman parte no solamente de la colección privada de este coleccionista, que asistirá a la inauguración de su exposición en Valladolid- sino también de su propia biografía: Miller ha tenido la suerte de haber establecido con la mayoría de ellos una intensa y fructífera relación personal. Por este motivo, él mismo define su colección como una “autobiografía no autorizada”.
Su interés por coleccionar la obra de artistas poco conocidos en su momento, guiándose únicamente por su gusto y su intuición, le han permitido atesorar, después de más de 30 años, una colección original con piezas que en muchos casos son grandes clásicos de la fotografía.
El título de la exposición hace referencia a la mirada de un tipo de fotógrafo que el propio Miller describe como “un artista dedicado a la búsqueda constante del significado y el placer, que dedica la mayor parte del día a trabajar en privado y a quien no le importa (ni necesita) la fama, el reconocimiento o las recompensas económicas”.
“Los años 70 fueron estupendos para la fotografía (…). Las fotografías las realizaban profesionales que estaban orgullosos de serlo, los conservadores eran especialistas en historia de la fotografía y tenían conocimientos suficientes sobre arte en general, y los escasos coleccionistas estaban maravillados con este medio mágico que parecía tan fresco y joven”. Así cuenta Miller cómo empezó a coleccionar fotografía: lo hizo porque era un medio nuevo, con muchas posibilidades, totalmente abierto a la creación y asequible económicamente. No era, sin embargo, algo exento de riesgo: apostar por un artista desconocido fue, y sigue siendo, toda una declaración de intenciones para este coleccionista y galerista neoyorkino, cuya colección está enteramente dedicada a este medio.
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